Cuando seas padre comerás huevos

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Existen dos figuras: la primera y la segunda, la que da una posibilidad y la que se origina a partir de ésta, la paterna y la filial.

El día del Padre tiene sus múltiples funciones. Entre algunas de ellas está la principal que muy pocos parecen recordar, que es la muerte de San José. Pero vamos a ver este artículo desde otra perspectiva mucho más profunda. Para empezar, hoy se suele agradecer -con un regalo- a los padres su labor. Pero claro… ¿Cuál es esta? ¿Qué nos dan para que tengamos que agradecérselo?

La respuesta se puede contar de variadas maneras para aquel que ya la conoce. Porque el regalo físico (o simbólico) que le ofrecemos a nuestros padres, no es nada comparado con el que ellos nos dan. Y digo dan, en presente, porque siempre están ahí para darlo.

Nos lo han envuelto de cuantiosas formas: no sé si te acordarás, pero si haces memoria encontrarás ese día en que te encontraste enfermo, siendo un niño, y sin hacer preguntas, tu padre alcanzó la misma velocidad que en la Fórmula 1 y te llevó cuanto antes a casa para que reposaras, o al mismo médico.

Quien ha tenido un padre que sabe cocinar, conoce “la suerte” de la que ha dispuesto. Ya que él siempre estará empeñado en hacer todo cuanto le pidamos, por muy difícil que parezca, porque con tal de satisfacernos y lograr una sonrisa en nuestras mejillas será capaz hasta de ser no sólo nuestro chef personal, sino también el de todos nuestros amigos.

Y hablando de amigos, habrá quien le parezca que la intromisión de un padre en nuestra vida social puede parecer un suplicio, pero no siempre es así. Si tienes “suerte”, tu padre sabrá quedar no sólo bien delante de ellos, sino que además te dejará en una buena posición. Ya sabes de lo que hablo, padre guay = relaciones guays.

Sin embargo, a veces puede parecer que se convierte en una tortura. Normalmente, cuando esto sucede, es debido a nuestra edad. No nos damos cuenta de que le ponemos las cosas más complicadas de lo que él quisiera. Y por más que nos empeñemos en hacer lo que nos dé la gana, incluso si hemos de hacerle daño muchas ocasiones, debemos de pararnos un momento y decir, “Para el carro, sé que esto no está bien. Ni para mí ni para él”. Cuando seas capaz de darte cuenta de que todo lo hace por tu bien, ya que eres tú quien dificulta las cosas y pones en riesgo tu vida, serás capaz de cambiar de rumbo y poner viento en popa.

Al fin y al cabo, tienes “suerte” de disponer de tu padre, quien mirará siempre por ti. Y dejando a un lado esa palabra entre comillas, que sepas que no significa nada con lo que realmente tienes: el amor. Porque ese es el verdadero regalo que te da constantemente tu padre y nunca ha dejado de hacerlo. Eso es lo que te pertenece, el amor de un padre más fuerte que cualquier otra subjetividad emocional.

Feliz día del Padre, papá. Gracias por no rendirte nunca y tu eterno esfuerzo por mejorar las cosas. No sé de dónde has sacado las fuerzas, pero espero yo también poder sacarlas algún día cuando sea padre, “y coma huevos”.

2 comments

  1. HOLA Eric me gustò muchi tu blog, y de Manera especial este articulo, en el que ha las de la paternidad. Un argumento para nada facil… Buenos desde hoy te sigo… Espero tu puedas pasar por mi blog y si te gusta puedas hacer lo mismo.

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