“El Amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”

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Te preguntarás qué es eso tan especial que tenemos las personas. ¿Es un deseo, un logro a conseguir algún día, o acaso ya disponemos de ello en nosotros mismos, pero debemos esforzarnos por mantenerlo?

Hace mucho que no escribo por aquí, y quiero que sepas que no ha sido por gusto. La época de exámenes es un duro momento para todo joven. Pero a su vez, te dejo caer que tengo algo más, un secreto que espero mostrarte un día de estos pero que ahora mismo no soy capaz de explicar

A lo que iba. He elegido este momento para retomar mi blog gracias a una película. Sin embargo, si fuera todo este artículo enfocado a ella, tendría otro título y se encontraría en la sección de Ocio y cultura. Más bien mi intención es comentar algo “especial” que aparece en ésta y que me ha llamado la atención. Se titula Pablo, el Apóstol de Cristo, y acaba de ser estrenada hace unos meses. Por si aún no sabes de qué trata, te aclaro que ocurre en los últimos días de Saulo de Tarso, también conocido como San Pablo y uno de los mayores referentes para la Iglesia, debido principalmente a su participación en la elaboración de lo que ahora conocemos como el Nuevo Testamento. Lucas, un joven médico, es quien decide dejar por escrito todas sus experiencias antes de que condenen a muerte a Pablo, ya que los cristianos en Roma están perdiendo la esperanza debido a la histórica persecución de Nerón.

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Ahora que te he dejado claro un poco de qué va la historia, viene lo que realmente te quiero contar. A lo largo del argumento se deja ver claramente por dónde quiere ir Pablo, haciendo saber a los cristianos (sobre todo aquellos que adquieren ira y desean venganza por las persecuciones) que el único camino posible para combatir el mal, es haciendo el bien. Aquí es donde me quiero detener a reflexionar un poco. Ya que también podemos encontrar dos tipos distintos de amor para todo cristiano: el primero es el cual debemos llegar a desear en nuestro corazón, y por el que hay que aspirar en todo instante. Porque el verdadero Amor es aquel por el que uno se sacrifica, y sabe que solo así se le abrirá la puerta hasta Él. Aunque por desgracia, otros encuentran un falso pilar, creyendo que sostiene algo pero en realidad solo es un señuelo colocado por el mal. Éste es el amor ciego. En el momento en que nuestras acciones dejan de tener un valor real para Cristo, en el instante en que creemos, o hacemos creer, que actuamos por el Señor y en verdad hacemos un daño al prójimo por un falso bien propio, es ahí donde nuestro amor deja de tener sentido y deja sencillamente de serlo. Porque ya no ve ni busca a quien ha de darse.

En resumen, este segundo sería el de los cristianos que han perdido la perseverancia y han hallado falsas esperanzas en la venganza, mediante las armas. ¿A dónde pretendo llegar? Todo esto sería muy sencillo si ya hubiésemos llegado al final, pero con Cristo no todo está comprendido por completo. Para empezar es fundamental abrir no solo los ojos, sino también el corazón. No es lo mismo entender, que alcanzar lo comprensión con aquello que se nos muestra en forma de argumentos. Es decir, únicamente si estamos dispuestos a confiar por completo en el Señor y en que cualquier acción nuestra, ya sea pequeña o enfocada a permitir incluso que se nos denigre por ello, solo si firmamos un acuerdo en que dejamos a disposición del otro hacer lo que le plazca sobre nosotros, a cambio de honrar no solo con el recuerdo nuestra entidad, sino a su vez el ser que hay en nuestro cuerpo, seremos capaces de aceptar la Salvación.

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Porque de qué serviría todo esto, como se nos cuenta en la película, si al final todo estuviese construido sobre una base de mentiras. De qué serviría hacer el bien a cambio del mal, si al final no se consigue detener tanto odio y rencor.

Pues aquí está la solución. El hecho de combatir el fuego con fuego, las malas acciones con más aún de este mismo, solo consigue mantener la continua disputa por ver quien destruye más a su alrededor, quien envenena más corazones y vidas. Pero todo eso puede cambiar, en el momento en que nos disponemos a sanar las heridas, a usar por primera vez el agua como medio de combate contra el fuego, es cuando por fin vemos cómo se logra vencer. Es cuando comprobamos que la verdad siempre ha estado ahí, y si no la hemos visto ha sido por aquellos que nos la han ocultado.

Para acabar, no hay que olvidar el verdadero secreto que nos revela Cristo en la cruz: el Mal existe, y en el instante que le dejamos entrar, es el instante que nos volvemos culpables de algo por lo que en realidad somos inocentes. Es decir, el ser humano es bueno por naturaleza, busca con todo su corazón a Dios, pero si decide creerse una mentira, ¿Quién es el verdadero culpable?

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Eso no quita que seamos pecadores, porque como he dicho estamos obligados a seguir nuestra naturaleza humana, y si dejamos de hacerlo es cuando abrimos la puerta al pecado.

Perdónales Padre, porque no saben lo que hacen.


Algún día de estos haré un artículo más profundo sobre el tema: ¿Dónde está la verdadera semilla del pecado? ¿En nosotros o el Diablo?

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